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Bienestar Genitourinario

Fisiología del tracto vaginal

Para poder entender y evaluar las características y el papel que desempeñan las diversas alternativas de higiene íntima es importante tener en cuenta las siguientes consideraciones anatomofisiológicas al respecto de la zona genital femenina.

Características del epitelio
Una primera matización que hay que realizar en este apartado es que las características morfológicas y funcionales de la piel vulvar difieren sensiblemente de las de la piel del resto de zonas corporales. A esto hay que sumar el hecho de que el epitelio vulvar no es una entidad biológica uniforme, sino que presenta una cierta variabilidad entre las diversas estructuras que componen la vulva. Finalmente, un tercer elemento a tener en cuenta es que las características epiteliales del aparato genital están fuertemente influenciadas por el perfil hormonal femenino, lo que hace que éstas experimenten importantes transformaciones durante toda la vida de la mujer.
De una forma general, puede indicarse que la piel vulvar está más irrigada, más inervada, es sensiblemente más permeable y presenta una mayor reactividad frente a agentes irritantes que el resto de la piel del cuerpo (la respuesta frente al contacto con un agente irritante se instaura con mayor rapidez, pero también desaparece con mayor celeridad cuando se interrumpe el contacto con el agente causal).

pH
El pH de la piel vulvar en la mujer adulta se sitúa próximo a 6, algo menos ácido que el del tejido epitelial corporal (alrededor de 5), lo que se traduce en una menor protección frente a la colonización microbiana.
Este riesgo se acentúa mucho entre la población infantil, ya que el pH vulvar de las púberes se sitúa alrededor de la neutralidad (7-8), lo que las convierte en más vulnerables frente a este tipo de procesos infecciosos.

Flora bacteriana
La zona de la vulva es, dentro del cuerpo, un nicho microbiológico específico, cuya población se diferencia del resto del cuerpo y que tiene una función protectora de primer orden frente a colonizaciones externas patógenas.

Cualquier circunstancia que cause un aumento de pH (la corriente secretora del útero durante la menstruación es alcalina, los lavados con agentes jabonosos agresivos, trastornos hormonales, etc.) induce una reducción de la flora vulvar autóctona e incrementa sensiblemente el riesgo de infección.

Olor
La zona vulvar contacta con secreciones sudorales, vaginales, menstruales y uretrales. La descomposición bacteriana de éstas es la causante del olor característico de esta zona. Cambios en el olor o un olor más fuerte del habitual suelen ser indicativos de algún tipo de trastorno.

Flujo vaginal
Es la secreción mucosa que normalmente se produce en el canal vaginal y que cumple funciones de autodepuración, humectación y lubricación.

Relaciones sexuales
En la edad adulta, las relaciones sexuales comportan inevitablemente un incremento en el riesgo de infecciones. En apartados anteriores se han referenciado los mecanismos de defensa de que dispone la zona vulvar para combatirlos y el papel de las secreciones vaginales en la facilitación de las relaciones sexuales. Durante la menopausia se pierde la capacidad secretora de este fluido y es muy frecuente que se presente sequedad vulvovaginal, que además de causar picor y escozor, dificulta y hace dolorosas las relaciones sexuales. El fluido producido por la mujer menopáusica es menos ácido, lo que puede también repercutir en un mayor riesgo de infección.

 

 

 


Cómo mantener la región genital en perfecto estado

  • Evitar prendas ajustadas y la ropa íntima de tejidos que dificulten la transpiración.
  • Lavar la ropa íntima con jabones poco agresivos y garantizar su correcto aclarado.
  • La vagina tiene sus propios mecanismos de autolimpieza y protección, por lo que las duchas vaginales no se recomiendan como medida rutinaria de higiene, a menos que formen parte de un tratamiento médico.
  • Lavar los genitales antes y después de mantener relaciones sexuales, especialmente si se han utilizado lubricantes o algún otro preparado facilitador del acto.
  • La frecuencia de cambio de las toallas higiénicas o tampones durante la menstruación variará mucho en función de la cantidad de flujo de cada mujer y del día del ciclo en que se encuentre. No obstante, en ningún caso debería exceder las 4-6 h.
  • Previa y posteriormente a la colocación de un tampón deben lavarse las manos.


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